Bueno, hamijos. Aquí os dejo con el prólogo de mi prometida nueva obra. Seguid las aventuras de Keitsuke ;)

SEKAI

Prólogo

¡Ding-dang-ding!

¡Ding-dang-ding!

El sonido de la campana que denotaba el fin de la última hora de clase deleitaba mis oídos. Recogí tan rápido como pude un par de bolígrafos que me quedaban en el escritorio y me apresuré a devolverlos a la maleta. Tan pronto el profesor despedía la clase, intentaba palpar entre el resto de mis cosas la funda de mis gafas, que por algún extraño motivo, junto a la capucha que ya me había asegurado de recolocar, disgustaba a ciertos profesores. No sé por qué, supongo que por alguna de esas estúpidas normas sociales que sólo funcionan cuando quieren.

Me disponía a abandonar el aula cuando sin siquiera haber cruzado el arco de la puerta noté un “ligero” golpe en mi espalda.

- Takuya… ¿Cuántas veces te he dicho que no hagas eso? – repliqué junto a una sonora colleja.
- No me seas borde, Keitsuke. Sólo quería preguntarte si tenías planeado hacer algo esta tarde.
- Ah, era eso… Sí, supongo que no tengo ningún plan. -contesté dubitativamente.
- ¿Entonces te viene bien echar unas partidillas esta tarde? – bajó un poco el tono alegre de su voz- Bueno, si se te apetece. ¿O es que has quedado con Kyoko? – a lo que le giré la cara.
- No, no había quedado con ella… – contesté sombríamente mirando al suelo.
- ¿Y esa actitud? Bah, da igual. Me paso por tu casa a eso de las cuatro y media.
- Me viene bien – cambié la oscura expresión de mi cara por una menos preocupante. ¿Y si está la niñata de mi hermana viendo una estúpida novela sudamericana?
- Pues… Falcon……..
- PUNCH!!!!!!!!!!!! -le interrumpí en un grito. Si no hubiera evacuado el resto de la clase habríamos quedado en ridículo.- Bueno, nos vemos, que ando muerto de hambre.
- Nos vemos, menda.

Entonces, sin más remedio, tuve que iniciar el camino a casa. Suerte que viva en un lugar tranquilo y pueda dejar una bicicleta con el candado fuera del instituto sin problema alguno. No sé cómo de pesado se me haría si tuviera que volver andando.

Desde fuera de casa se podía apreciar el olor de una rica sopa de pollo. Con el frío que hacía ese ocho de noviembre, una sopa calentita era lo mejor que te podrías echar a la boca. Tras el almuerzo, no había gran cosa que pudiera hacer más que echar un rato jugando, aunque con un par de intentos fallidos de conseguir pasar ese nivel donde me quedé atascado, opté por charlar con alguien en el ordenador. Entre la cantidad de gente que aparecía en el monitor, no había nadie con quien realmente se me apeteciera charlar.

Entonces, escuché a mis espaldas a mis padres diciendo que iban a trabajar, a lo que respondí con un breve “Hasta luego”. Me disponía a volver a intentar vencer al maldito monstruo cuando el ordenador me llamó la atención con “Kyoko inició sesión”. Apagué la portátil y antes de tener tiempo a saludarla, ya tenía inundada la conversación con:

[Kyoko] Keiiiiiiiii!!!
[Kyoko] Holaaaaaaaaaaaa ^_^!
[Keitsuke] Hola ;)
[Kyoko] que tal?
[Keitsuke] Bueno, como siempre… ¿Y tú?
[Kyoko] bien ^_^ :D
[Keitsuke] ¿Qué te hace tan feliz?
[Kyoko] kei, no seas borde :P
[Keitsuke] lolface.jpg
[Kyoko] oye
[Kyoko] haces algo esta tarde/noche?
[Kyoko] kei?
[Keitsuke]Perdona, se me bloqueó el maldito cacharro… Como me cabree le cae un formateo.
[Kyoko] ok, ok :P
[Ketisuke] Pues eso
[Keitsuke] He quedado con Takuya en un rato… Si quieres, eres bienvenida.
[Kyoko] con taku? eso implica unas partidillas, supongo
[Ketisuke] Qué bien nos conoces. Entonces, ¿quieres venir?
[Kyoko] ok
[Kyoko] pero
[Kyoko] con una condición
[Keitsuke] ¿?
[Kyoko] quedamos esta noche… los dos…
[Keitsuke] Me parece bien ;) – En realidad me parece más que bien. Una cita nocturna… Total, no creo que sea capaz de decírselo… Bah, tampoco es que sea demasiado necesario… creo. El amor es tan problemático…
[Kyoko] voy a cambiarme y voy para allá kis.gif kis.gif
[Keitsuke] Nos vemos ;)

Decidí arreglarme un poco si iba a venir ella, pero no me dio tiempo más que a ajustarme la coleta cuando el timbre sonaba.

- ¡Keitsuke! ¡Abre, capullo! – gritaba Takuya- ¡Me cago en la madre que…! ¡Menudo frío!
- Va, va… ya voy…. -dije antes de abrir la puerta.- Estamos de suerte… mi hermana no andará por aquí
- Guay. Voy enchufando el cotarro. ¿Viene alguien más?
- Kyoko va a venir…-susurré en un tono bajo
- No, si ya lo sabía yo… – contestaba en un tono reprochante – Si ahí hay algo…
- Pues más algo vas a pensar que hay cuando te enteres de la “condición” – gesticulé unas comillas – que me ha puesto para venir.
- Sorpréndeme – dijo entre sus maldiciones hacia los cables. – ¡Dios! ¡Qué calambrazo!
- Que salgamos los dos solos esta noche…-le conté tímidamente.
- Crees que te…
- ¡Deja de especular! – le interrumpí estruendosamente- No sabes si le gusto. ¿Y si es una cita de amigos o algo?

- Sí, sí… claro… -ironizó.

Aún tuvimos tiempo a echar un par de luchas, con victoria de parte del puño de mi Capitán Falcon y el martillo de DeDeDe, antes de que volvieran a picar al timbre. Esta vez era Kyoko, con el pelo casi recogido en unas coletas muy altas, aunque el resto le cayese por detrás, una camiseta de tonos negros y rosas bastante llamativas y un cinturón de cuadros que sujetaba unos vaqueros que cualquier persona con dos tallas más no hubiera tenido problema en colocarse, dándome un dulce beso en la mejilla antes de que me percatara, que me provocó en mi piel una tonalidad “un poco” más roja.

Como no llevaba las gafas puestas por estar en casa, nuestros intensos ojos azules se cruzaron. La dulce chica remarcó su gusto por mis ojos y sus críticas a mis usuales lentes ocuras, a lo que sólo pude responder con una sonrisa.

Takuya nos llamaba con un sonoro grito al estilo de “¡Tortolitos, las peleas no se echan solas!” (grito por el que recibió una casi unísona bronca y una dolorosa colleja de manos de la chica)

Esta vez tuvimos la oportunidad de luchar más, con unas victorias más equitativamente repartidas, aunque aún con ventaja hacia mi persona. Kyoko y yo cada vez estábamos sentados más cerca. Y más cerca… cuando nos percatamos, nos miramos el uno al otro y simplemente reímos. El combate final estuvo muy reñido. Takuya quedó autoeliminado por un fallo bastante tonto, y la lucha mano a mano que teníamos entre la chica de los ojos azules y yo era fiera. Un último martillazo hizo justicia en el combate. Tras eso, disputamos unas cuantas carreras, en las que no tuve tanta suerte en el marcador final.

Ya había pasado la hora de la merienda, pero igualmente comimos un poco. Unos gofres bien cargaditos de chocolate y un café para cada uno (Takuya prefirió tomar un colacao). Risas, anécdotas y colegueo en el ambiente.

Takuya tuvo que marcharse tras recibir una llamada, por lo que nos quedamos los dos solos. Tras unos minutos de silencio, la chica decidió romper el hielo.

- ¿Practicando para esta noche, no? – me sonrió
- Sí, supongo… – le contesté más que cortado.- ¿Qué quieres hacer?
- No sé..-pensaba en qué decir- ¿Qué te parece un helado?
- ¿Un helado? ¿Con el frío que hace? Cada vez me sorprendes más.
- No me seas tonto, Kei… ¡Un helado caliente! – elevó el tono un poco para decirlo mientras me daba una palmada en la espalda.
- Bueno, sí… No tengo nada en contra. ¿Un heladito entonces? ¡Vale! ¿A qué hora te recojo?
- Pues… cenar y vamos. Calcula tres cuartos de hora.
- De acuerdo, nos vemos entonces – le confirmé mientras le acompañaba a la puerta. – Nos vem…- me vi interrumpido por un beso en la mejilla, que me volvió a hacer sonrojar.- Te quiero… – Susurré una vez que había cerrado la puerta y estaba lo suficientemente lejos como para no oírme.

Esos tres cuartos de hora se me hicieron eternos. Me arreglé el pelo lo mejor que pude, cené, me puse la ropa más acorde a la ocasión que pude y fui a buscar a Kyoko a casa. Por lo que pude observar, ella también había hecho lo propio. Llevaba el pelo suelto, a la altura de la cintura, una camiseta similar a la que llevaba antes, pero con unos diseños bastante diferentes, una minifalda vaquera con unas medias de los mismos tonos que la camiseta, a juego con sus largos guantes y sus botas negras. Cualquiera que se hallase en mi cabeza podría haberla tomado como una deidad personificada.

- Estás….. preciosa – le admiré tímidamente.
- Tú también has hecho tus esfuerzos por lo que veo.-confesó sonrientemente- ¿Desde cuándo no salimos los dos solos?
- Desde verano… creo. Bueno, da igual. Es lo de menos.- noté que me agarraba la mano y una sensación que se podría tomar como mezcla de timidez y alegría me recorría hasta la última vena de mi cuerpo.

Esa sensación no duró mucho, aunque fue preciosa. No tardamos en llegar a la heladería, en la que decidimos los dos una copa para compartir (cualquiera que nos viera desde allí nos tomaría por novios, entre compartir la copa y tontear).

Así que me dirigí al mostrador a pedir el helado. Dos sombrillas, cuatro barquillos y varios trozos de chocolate coronaban las tres bolas del caliente helado. Me dirigía a la mesa donde me esperaba Kyoko y…

¡Ding-dang-ding!

¡Ding-dang-ding!

Aunque en mi cerebro sonara el timbre de mi instituto había recibido un disparo. Dos, mejor dicho. No sentí nada. Ni dolor por las heridas, ni la pérdida de sangre, que cuando me percaté, ya había mezclado con el helado de forma que alguien no podría distinguir dónde acaba el helado y dónde empieza la sangre. No sentí dolor alguno. Simplemente era incapaz de moverme.

Unos segundos más tarde sí que sentí dolor. Pero seguí sin ser dolor físico. Fue el grito desgarrador de Kyoko llorando mi nombre que me sentó como una puñalada en la espalda. Y las lágrimas que caían en mi cara me dolieron más que si fueran puñetazos de un campeón de lucha libre.

¿Estaba MUERTO? ¿Así había acabado todo para mí? ¿Sin ni siquiera tener una vida productiva? ¿Sin siquiera decirle a Kyoko lo que sentía por ella?

Mi vista, al igual que el resto de sentidos desaparecían lentamente. Era el fin… “Adiós, amigos” “Adiós, familia”, “Adiós, Kyoko… Te quiero”.